Un día la narradora se roba una maceta con un arbolito muerto de la casa de un vecino y empieza a escribir una novela sobre lo que ve esa planta desde una esquina de su departamento. La planta empezaría a dominar la voz de la narradora hasta suprimirla por completo. El árbol muerto narra desde una esquina, a un lado de la entrada, donde se ve la cocina, la pequeña sala-comedor, y parte de la recámara. Le gusta ver a la mujer desnudarse por las noches en su cuarto antes de pasar al baño: ve la estela enmarañada de su pubis cuando pasa y entra, y luego estudia el contorno de sus nalgas cuando sale y se mete en el cuarto.